Como consecuencia de pasar largas horas sentado, sin apenas movimiento

 

Ni uno ni dos ni tres. Los casos de aficionados a los videojuegos que han sufrido una trombosis venosa profunda empiezan a sucederse. Ocasionalmente, pero se están convirtiendo en un colectivo con cierto riesgo debido a la cantidad de horas que pasan quietos, jugando con la pantalla.

La inmovilización es un factor de riesgo muy claro para el desarrollo de una enfermedad tromboembólica venosa. Normalmente se da en personas mayores con escasa movilidad, enfermos o tras una convalecencia por una cirugía. Pero el jugador de videojuegos desconcierta a los especialistas, porque además suele ser una persona joven.

Un artículo publicado en octubre de 2013 en Journal of medical case reportsadvirtió de esta situación y puso nombre a esta forma de trombosis: trombosis del jugador. El caso se refería a un chico de 31 años que se presentó en el hospital Middlemore de Auckland (Nueva Zelanda) tras tres días de dolor e hinchazón en la pierna izquierda. El joven había estado jugando a la Play Station ocho horas cada día, y una ecografía doppler confirmó que el malestar se debía a un trombo.

El paciente no tenía antecedentes de trombosis ni había sufrido un traumatismo ni pasado por el quirófano. Tampoco había casos de trombosis en su familia, de modo que los médicos atribuyeron su enfermedad a la inmovilidad que conlleva pasar largas horas jugando videojuegos. Sin embargo, esta conclusión precisa de más constataciones, según los autores del artículo.

En 2011, un chico inglés de 20 años falleció por una embolia pulmonar después de pasarse más de 12 horas al día jugando a videojuegos. Uno de los rasgos que destacan los especialistas sobre estos casos es que un videojuego, a diferencia de pasar horas frente al televisor, conlleva un estado de atención y adrenalina que puede nublar los síntomas de una trombosis.

 

 

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