Queralt es el nombre de la hija de María Dolores, Mares, enfermera que con 39 años y en su 13ª semana de embarazo se encontró ingresada en un hospital debido a una embolia pulmonar (o tromboembolismo pulmonar, TEP).

Queralt, en catalán, significa roca alta. Y fuertes como una roca fueron madre e hija durante una gestación de riesgo para la enfermedad tromboembólica venosa (ETV), puesto que junto al embarazo Mares presentaba sobrepeso, cierto sedentarismo y un tratamiento hormonal.

Todo empezó con la torcedura de un tobillo y la consecuente inmovilización ordenada por el traumatólogo. ¡Ay!

Reposo y una férula hasta la rodilla obligaron a Mares a estarse quieta, además de unos días con inyecciones de heparina de bajo peso molecular.

Un mes después del incidente en el tobillo Mares sufrió una taquicardia en dos ocasiones, mientras subía unas escaleras. “Estaba cansada y molesta por las palpitaciones, pero no sentía nada más”.

“Mi madre me envió al ambulatorio y allí sospecharon que podía tener una embolia pulmonar, así que me mandaron al hospital”, recuerda. La prueba del dímero D (una analítica para conocer la capacidad de coagulación de la sangre) confirmó el presagio: los niveles estaban por las nubes, así que la ingresaron en la unidad de cuidados intensivos (UCI).

Todo empezó con la torcedura de un tobillo y la consecuente inmovilización ordenada por el traumatólogo

Mares

Los cinco trombos que hallaron en un pulmón y los diez que observaron en el otro, además de otro cabalgante, la postraron en una cama durante cinco días. Y al estar embarazada, el tratamiento que le administraron consistió en nuevas inyecciones de heparina de bajo peso molecular, oxígeno y monitorización.

Tras cinco días en la UCI pasó otros 13 en planta. Allí podía andar un poco, con medias compresivas, lo que era “agotador”. El médico que la atendió concluyó que la férula inmovilizadora tras la torcedura en el tobillo le provocó una trombosis detrás de la rodilla, justo donde finalizaba la sujeción, que derivó en la embolia pulmonar.

Abandonó el hospital a la semana 17 de la gestación y hasta la 37 alternó visitas semanales al centro sanitario y al ambulatorio, además de tener que pincharse la heparina dos veces al día. “Viví el embarazo entre médicos y sufriendo por la viabilidad del feto”.

Disfruté de mi gestación, pero tenía una espada de Damocles sobre el día del parto

Mares

Sin embargo, no alteró su día a día debido a la embolia. “Iba a todas partes con las inyecciones de heparina en el bolso. Lo que fue pesado fueron las medias compresivas, porque era verano y me moría de calor”.

“Disfruté de mi gestación, pero tenía una espada de Damocles sobre el día del parto. No podían hacerme cesárea y los médicos temían que, con los esfuerzos de un parto natural, aparecieran complicaciones”. Hizo testamento. “Ninguna madre se plantea arreglar su testamento antes del parto”.

Queralt nació en octubre y ya tiene seis años. “Tras el nacimiento estuve una semana más con heparina y luego, aspirina”. Hace dos años dejó de tomar el ácido acetilsalicílico y se encuentra bien. La vida no le ha dado nuevos sustos, pero le ha dejado una leve hipertensión pulmonar, además del uso de las medias mientras trabaja.

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