“Tú tranquila, no tienes nada. Procura dar reposo al brazo y nada más”. “¡Uy, uy, uy! Esto no va conmigo”. Estas fueron las reacciones de los primeros médicos a los que Laura visitó para que le dijeran qué le ocurría en el brazo derecho.

Otoño de 2012. Laura tenía 19 años, no bebía ni fumaba, seguía una vida equilibrada, pero llevaba semanas con la extremidad algo hinchada, con cosquilleos, dormida y caliente. “Más que dolor sentía molestias”, explica la joven. “Acostumbro a quejarme por todo y mi entorno no le dio importancia”, pero tras varios días con el brazo incómodo se fue al hospital.

En el primer centro sanitario no le dieron importancia. Días más tarde visitó otro, de mayor rango, y tras pasar ante varios especialistas una doctora se percató del problema: “aquí no te circula la sangre. Tienes un trombo que lo impide”. Y la ingresó.

Pasó cinco días en el hospital y así es como Laura y su familia conocieron, de golpe, a la enfermedad tromboembólica venosa (ETV). “Para mí y para mi círculo era una desconocida”, recuerda. El trombo que impedía la correcta circulación de la sangre estaba en el omóplato derecho, de ahí el malestar en el brazo y la exaltación de las venas del pecho, que aún hoy, cuatro años más tarde, se distinguen.

19 años, sin antecedentes de ETV, sin haber pasado por quirófano ni haber estado inmovilizada por un tiempo. ¿Qué precipitó la trombosis? “Entonces estaba tomando la píldora anticonceptiva, indica. Casi con total seguridad este fue el factor desencadenante del trombo. “Advertí de ello cuando ya me diagnosticaron la trombosis. Sabía que podía suceder, pero pensaba que se localizaba en la pierna, no en el brazo”.

No me gustan las agujas y las inyecciones me dejaron muchos moratones

Laura

Durante su ingreso hospitalario tuvo que pincharse una dosis diaria de heparina de bajo peso molecular. “No me gustan las agujas y las inyecciones me dejaron muchos moratones”. Al marcharse le sustituyeron los pinchazos por pastillas de antivitamina K, Sintrom®, durante tres meses. “Costó dar con la dosis adecuada, así que al principio tuve que combinar la heparina y el Sintrom®”.

Durante las primeras semanas tuvo que acudir al hospital cada dos-tres días para que le controlaran el punto de anticoagulación (o INR). Y mientras estuviera en tratamiento, nada de deportes con posible impacto e incluso “¡evitar los mosquitos!”.

Laura obtuvo el alta médica hace pocos meses, a finales de 2015. Tres años completos con la trombosis a cuestas. Con visitas frecuentes al especialista, que poco a poco se espaciaron. Aprendiendo a adoptar nuevas costumbres, a abandonar los anticonceptivos hormonales combinados y controlando el volumen de su brazo hasta su recuperación total.

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