“Empezó un fin de semana con un calambre en la pierna izquierda. Me molestaba, pero era manejable. Como había estado haciendo limpieza en mi casa pensé que esa era la razón, así que tomé un analgésico y seguí con mis actividades”.

Pero el dolor se intensificó el lunes, cuando Giuliana Ascurra, una joven de 31 años, se aseaba antes de irse a trabajar. “Al bañarme siento y veo mi pierna más roja e hinchada que la otra. Pensé que era un tema del que ocuparme, pero como ya estaba por ir a trabajar, me fui”.

“A medio camino ya no podía caminar, el dolor era insoportable y tomé un taxi a mi trabajo. A duras penas logré subir las escaleras, llegué a mi oficina y conversé con un doctor, que justo había ido ese día a una reunión. Y enseguida me dijo: “anda corriendo a la clínica, te ha dado una trombosis””.

Al bañarme sentí y vi una pierna más roja e hinchada que la otra

Giuliana

“Yo nunca había escuchado ese término médico y me asusté. Llegué a la clínica y me hicieron una ecografía doppler, me midieron el dímero D y el INR. Los doctores, al ver los resultados, me indicaron que si hubiese llegado más tarde hubiese sido más peligroso, porque el coágulo iba camino del cerebro o de los pulmones”.

Giuliana estuvo ingresada en el hospital durante un mes. “Fue algo tan inesperado y raro que no lo entendía. En ese mes estuve con anticoagulantes, medicinas y miles de exámenes, pero los doctores nunca dieron con mi diagnóstico. Determinaron que mi trombosis se debía a un defecto genético de la sangre, que muchas veces no se llega a descubrir”.

“Salí al mes y retomé mi trabajo, pero sólo duró una semana. Me dio un nuevo episodio trombótico y me ingresaron otra vez; en esta ocasión se operaron, me pusieron un filtro de vena cava, y además me administraron tratamiento trombolítico. Pasé las Navidades en cuidados intensivos, fue una experiencia muy fuerte. Los médicos seguían sin saber la causa y estuve ingresada otro mes, mientras me estabilizaban y comprobaban mi reacción al filtro”.

Al haber sufrido una trombosis sin causa conocida debo estar siempre alerta. Es algo con lo que viviré de por vida, pero decidí vivir al máximo y ser feliz

Giuliana

Cinco meses más tarde retiraron el filtro de vena cava de la pierna de Giuliana, “ya que el peligro inminente había pasado”. Pero el trombo [el coágulo] seguía ahí, como puso de relieve una ecografía doppler.

“Pero la naturaleza es sabia y mi cuerpo tenía una vena paralela a la iliaca por donde circulaba la sangre, puesto que la principal había quedado bloqueada. El trombo se solidificó y no se puede tratar, ya que el riesgo de que se parta en pedazos y migre a mis pulmones o al cerebro es alto”.

Cambio de hábitos

“Me quedé sin caminar bien, cojeando, durante tres semanas. Todo cambió en mi vida: empecé a hacer natación, a utilizar medias de compresión, a tomar anticoagulantes a diario, a seguir una alimentación sana. Fue un nuevo despertar que nunca hubiese imaginado a mi edad”.

“Mi pierna nunca será la misma. A veces me duele más, pero sigo adelante. Logré subir al Machu Picchu, con bastón, ¡pero lo logré! Me desafío día a día, sigo una vida diferente, pero la vivo, la disfruto… Hoy en día ya no tomo medicación, pero tengo un médico que cada vez que tengo algún síntoma de peligro me evalúa y vamos viendo cómo estoy”.

La trombosis ha hecho más fuerte y consciente a Giuliana. “Al haber sufrido una trombosis sin causa conocida debo estar siempre alerta. Es algo con lo que viviré de por vida, pero decidí vivir al máximo y ser feliz. La vida te da golpes, pero nunca tantos como para no superarlos”.

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