“Un año de vacaciones en el infierno. Así es cómo ahora recuerdo el año 2015-2016 desde que me detectaron y diagnosticaron un tromboembolismo bilateral masivo. Esto se queda en la mente para toda la vida, aunque ahora me siento libre de muchas preocupaciones y angustias que he pasado por esta dichosa enfermedad”.

Sin rodeos ni reservas, así recuerda David su experiencia con la embolia pulmonar.

“En noviembre de 2015, concretamente el día 21, fui al hospital porque llevaba unos días con molestias en el costado izquierdo durante todo el día y la noche. No podía dormir siquiera de ese lado. Me costaba mucho respirar y me dolía más el costado”.

“Pero el desencadenante de que fuera al hospital fue que por la mañana, al levantarme, solté un coágulo de sangre por la boca y eso ya no me pareció nada normal.

“Me hicieron radiografías y me sacaron sangre de la arteria, pero el dímero D estaba en un rango normal, por lo que decidieron darme el alta ese mismo día”.

“Al día siguiente me empezó a remitir el dolor costal y el ahogo, pero seguía tosiendo sangre, así que fui al hospital de nuevo. Esta vez, al sacarme sangre de la arteria, vieron que el dímero D había alterado su valor con respecto al día anterior, por lo que decidieron hacerme un TAC. Y ¡premio!: tromboembolismo pulmonar (TEP) bilateral masivo. Empezó mi infierno, sobre todo mental”.

Un año de vacaciones en el infierno. Así es cómo ahora recuerdo el año 2015-2016 desde que me detectaron y diagnosticaron un tromboembolismo bilateral masivo

David

“Estuve una semana en el hospital pensando que ahí se terminaba mi vida y que no saldría vivo. Me estuve pinchando heparina unos días hasta pasar a tomar Sintrom. Me costó mantener los niveles de INR. Los médicos me dijeron que era debido a mi edad, 39 años recién cumplidos por entonces”.

“No se sabía qué me había llegado a causar la embolia pulmonar y pasé por todo tipo de especialistas, privados y públicos. Pensaba que tenía de todo: desde más trombos hasta tumores. Cardiólogos, neurólogos, neumólogos, médicos de digestivo… No encontraban nada, y mi cabeza fue inventando cosas que hubieran podido provocar la embolia”.

“A los seis meses aproximadamente me hicieron un estudio completo de coagulación, que incluyó un análisis genético, y empecé a recibir buenas noticias: no tenía ninguna alteración genética y el estudio salió en valores normales. Fue un gran alivio recibir esa noticia, pero aún quedaba saber si me quedarían secuelas tras un TEP tan severo”.

Cuatro meses más tarde a David le hicieron una gammagrafía y “volví a recibir más noticias buenas: los trombos no dejaron secuelas en los pulmones y habían desaparecido”.

 

Pensaba que tenía de todo: desde más trombos hasta tumores

David

“La neumóloga, junto con la hematóloga, decidieron suspender el tratamiento. No se me olvidan las palabras de la neumóloga y es con las que me pienso quedar, espero que por mucho tiempo: “David, olvídate de lo que has pasado, te has quedado como si no hubieras sufrido un TEP””.

“Realmente es con lo que me quiero quedar después de tanto comerme cabeza. Con todo lo positivo y bueno dentro de todo lo malo”.

“Ya han pasado 18 meses desde que me ocurrió. A los 12 meses volví al trabajo, porque el tribunal me mandó trabajar. Trabajo de jardinero y volver a hacer la vida que tenía anteriormente ha sido la mejor terapia que he podido tener. Mi trabajo, mi deporte y, cómo no, el apoyo de la familia, amigos y compañeros de trabajo”.

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