“Hace dos meses pedí cita con mi ginecólogo porque, tras año y medio con mi pareja, nos planteamos la opción de un método anticonceptivo más cómodo que el preservativo. Dada mi edad, 36 años, ni me planteaba tomarme la píldora sin consultarlo antes, así que acudí al especialista”. Carmen empezó el tratamiento con anticonceptivos hormonales combinados orales y, al cabo de 20 días, desarrolló una embolia pulmonar.

“Mi doctora me realizó los exámenes pertinentes y además me dijo que antes de recetarme la píldora tenía que hacerme algunas pruebas”, explica.

“Cuando volví a la consulta para conocer los resultados, me dijo que estaba perfectamente y que podía usar la píldora anticonceptiva. Me explicó cómo se tomaba y nada más. El único efecto secundario al que hizo referencia fue al posible sangrado entre reglas el primer mes”.

“Una vez en casa, dada la novedad, leí cuidadosamente el prospecto y me sorprendió un poco que los posibles efectos secundarios eran algunos más, y entre ellos, algo tan grave como un tromboembolismo pulmonar. Pero como mi doctora no me había comentado nada y mis pruebas estaban bien, procuré no darle más importancia”.

Pero “desde el primer día noté que la píldora no me sentaba bien (náuseas, malestar, cansancio, dolor de ovarios…) y me empecé a preocupar. Tuve claro que si tras el primer mes seguía así, volvería al ginecólogo para comentárselo. No me dio tiempo: tras 20 días tomando la píldora, de repente empecé a sentir presión en el pecho. Ligera pero un poco agobiante, ya que no me permitía llenar los pulmones de aire como antes. Al principio parecían agujetas, pero al segundo día no sólo no remitía, sino que se agravaba ligeramente. No es que no pudiera respirar, pero me costaba expandir los pulmones”.

Yo insistía en que estaba tomando la píldora, que había leído que uno de sus efectos secundarios podía ser un trombo, pero no parecía que esa opción les convenciera

Carmen

“Ese día, de vuelta a casa tras el trabajo, en el coche, tuve un ataque de ansiedad al verme sola y con la respiración limitada. Llegué a casa como pude, tirando de fuerza mental, y me fui directa a la consulta de urgencias de mi centro de salud”.

“Me auscultaron, me tomaron la tensión, la saturación de oxígeno en sangre, me realizaron un electro y me dijeron que no había nada raro. Me preguntaron si había hecho algún esfuerzo, les comenté mi rutina de gimnasio, y me dijeron que podía ser muscular. Yo insistía en que estaba tomando la píldora, que había leído que uno de sus efectos secundarios podía ser un trombo, pero no parecía que esa opción les convenciera. Me recomendaron tomar paracetamol durante 24-36 horas, para remitir la inflamación que pensaban que era, y si no se me pasaba, acudir al hospital”.

“Al día siguiente el dolor cambió: pasó de ser esa presión en el pecho a irradiar los hombros y la parte posterior de la espalda, sobre todo la zona derecha. Un dolor no demasiado agudo, pero constante, que me impedía tumbarme y respirar bien. Un día después el dolor se incrementó, casi súbitamente, concentrado en la zona derecha de mi espalda, en la zona baja de ese pulmón. Esa madrugada me despertó un dolor tan agudo que no podía estar ni tumbada ni sentada y solo de pie sentía algo de alivio, pero ya no podía estar así. Mi pareja llamó a urgencias, nos atendió una doctora que pensó que podía ser un neumotorax y nos pidió que fuéramos urgentemente a urgencias del hospital más cercano”.

“Una vez allí, saturación en 94, me sacaron sangre para realizar análisis y me pusieron un analgésico para rebajar mi dolor. Les avisé de nuevo de mi toma de anticonceptivos orales. A la hora, más o menos, tras el cambio de turno, la doctora me dijo que en el análisis habían detectado valores que eran indicativos de embolia pulmonar, que me iban a hacer una radiografía y un TAC, pero que mientras tanto ella querría empezar a administrarme heparina”.


Y finalmente, el diagnóstico

“Tras las pruebas, casi inmediatamente, la confirmación: embolia pulmonar con infarto pulmonar, en el lóbulo inferior de mi pulmón derecho. Nada de seguir tomando la píldora y enseguida pasé a ingreso hospitalario con reposo total, para mantener controlado el trombo”.

No puedo reprochar nada a mi ginecóloga, aunque hubiera agradecido que me diera más información sobre efectos raros y graves como los trombos

Carmen

“Todo parecía indicar que era provocado por los anticonceptivos, pero los médicos querían descartar que yo tuviera algún componente genético o problema circulatorio o de coagulación que hubiera que vigilar. Me realizaron análisis inmunológicos, un ecocardiograma para comprobar el corazón, etc… Como estaba con heparina y evolucionaba bien, me dieron el alta hospitalaria a los tres días. Me mantendrían con Sintrom® en hospitalización a domicilio alrededor de un mes”.

“En la primera semana me estabilizaron la dosis de Sintrom®, me retiraron la heparina y me realizaron nuevos análisis. Mi doctora descartó la posibilidad de factores personales y parecía tener claro que la píldora era la causante de mi tromboembolismo: soy una mujer sana, con una capacidad de recuperación alta, sobre todo porque jamás he fumado, realizo ejercicio de forma habitual, tengo un ligero sobrepeso pero soy muy activa, nunca he tenido enfermedades ni problemas de circulación ni venas varicosas ni nada de nada de nada”.

“Tengo muy claro que esto me ha ocurrido por los anticonceptivos. Mi cuerpo no los toleró desde el principio. No puedo reprochar nada a mi ginecóloga, porque me realizó las pruebas adecuadas, aunque hubiera agradecido que me diera más información sobre efectos raros y graves como los trombos”.

Nueve días después de su ingreso, Carmen recibió el alta de la hospitalización a domicilio. “En unos días seguramente me darán el alta definitiva. He tenido suerte”.

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