La ciencia respalda la seguridad y la comodidad para los pacientes de estos fármacos, pero el Ministerio de Sanidad no aprueba su uso generalizado

 

“Las barreras de acceso a los nuevos anticoagulantes por parte de los afectados no han disminuido”, aseguró José Ramón Juanatey, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y coordinador de la red Paciente por delante. “Lejos de mejorar la situación en este último año, la anticoagulación se ha situado en una posición inmovilista y tendente a una restricción aún mayor que hace un año”.

Así se pronunció hace pocos meses el doctor Juanatey, en sintonía con lo que ha ido reiterando la Federación Española de Asociaciones de Anticoagulados (FEASAN) y otras entidades. Los nuevos anticoagulantes orales (NACO) o anticoagulantes orales de acción directa (ACOD) no llegan a todos los enfermos españoles que podrían beneficiarse de ellos. Y un estudio de Paciente por delante detalla el por qué de esta desigualdad.

Según el informe, “en España existen aproximadamente 800.000 pacientes con tratamiento anticoagulante para prevenir tromboembolismos venosos y arteriales y se estima que uno de cada tres de estos pacientes anticoagulados con la medicación clásica (los fármacos antivitamina K) no alcanza un buen control terapéutico y está expuesto a un mayor riesgo de ictus u otros embolismos y de hemorragias graves”.

“Actualmente, las guías de práctica clínica recomiendan el uso terapia anticoagulante preventiva para los pacientes con algún factor de riesgo embólico. En España, se recomienda iniciar el tratamiento con fármacos inhibidores de la vitamina K, conocidos como anticoagulantes orales clásicos, cuya estrecha ventana terapéutica obliga a la utilización de métodos de monitorización de la actividad anticoagulante, como el INR (International Normalized Ratio). Los pacientes tratados con estos fármacos deben realizar controles rutinarios (en general, mensuales) para ajustar la dosis”.

“En los últimos años se han desarrollado nuevos medicamentos anticoagulantes, los llamados nuevos anticoagulantes orales, que no precisan de un control rutinario de la coagulación. La evidencia científica respalda que los NACO son, al menos, tan eficaces y seguros como los anticoagulantes orales clásicos”.

 

La falta de acceso a los NACO, una decisión política

El estudio de la red Paciente por delante atribuye la desigualdad en el acceso a los NACO en España a causas políticas: “estos últimos años de crisis económica, sumado a la visión cortoplacista de los gobiernos, han repercutido que, en muchos casos, las innovaciones médicas se incorporen a la práctica clínica de forma más lenta y desigual desde el punto de vista territorial en nuestro país”.

“Entre los años 2009 y 2011 disminuyeron un 12% los recursos dirigidos a salud que se transfieren desde el gobierno central a las comunidades. En 2012, el Gobierno marcó como objetivo reducir el déficit disminuyendo el gasto público; de hecho, de 2009 a 2013 el gasto sanitario público se redujo un 18,16%, lo que irremediablemente ha ido impactando de diversas formas en el acceso equitativo a la innovación”.

Y en concreto, señala tres causas que han facilitado la inequidad territorial de los NACO:

  • en Asturias, Canarias, Cantabria, Castilla La Mancha, Castilla y León, Extremadura, Murcia y La Rioja los médicos de atención primaria tienen limitada la prescripción de NACO
  • en las guías de los servicios de salud de Extremadura, Madrid, Catalunya, Baleares, La Rioja y la Comunidad Valenciana no se contemplan las indicaciones para el tratamiento con NACO incluidas en el Informe de Posicionamiento Terapéutico del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad
  • en seis servicios regionales de salud la definición de mal control de INR de la guía local difiere de la definición del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, mientras que en las guías de otros cuatro servicios no se especifica la definición.

 

 

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