Investigadores del grupo RIETE ponen en duda las pautas habituales, por el riesgo de hemorragia

 

Mantener y extender el tratamiento anticoagulante en pacientes que han desarrollado una trombosis no siempre es la mejor decisión ni la más adecuada. Así lo demuestra un estudio realizado por médicos del colectivo RIETE publicado recientemente en Thrombosis research.

La práctica clínica habitual suele alargar más de la cuenta el tratamiento anticoagulante, sostienen los autores del artículo. Sea porque el médico prefiere asegurarse de que el enfermo no volverá a desarrollar una trombosis, o bien porque el paciente se resiste a abandonarlo. Pero manteniendo el tratamiento médico y paciente se exponen a otro mal: el riesgo de sangrado, que es mayor por la naturaleza del tratamiento.

Los investigadores de RIETE analizaron la evolución de 6.944 pacientes con un primer episodio de trombosis. De ellos, el 41% padeció una trombosis sin tener riesgos asociados; un 32% presentaba algún factor de riesgo transitorio, y el 27% sufría un cáncer.

Las guías clínicas recomiendan administrar tratamiento anticoagulante durante varios meses a los enfermos de cáncer que desarrollan una trombosis; tres meses a los pacientes con algún factor de riesgo asociado, y entre seis y doce meses para los pacientes sin ninguna sospecha de trombosis.

La conclusión del estudio es que deberían revisarse estas pautas, porque prevalece la voluntad de frenar la aparición de una nueva trombosis por encima de la posibilidad de hemorragias derivadas del tratamiento.

 

 

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