Aunque el Ministerio de Sanidad los aprobó hace 10 años, solo el 10% de los pacientes los recibe

 

Cambiar el Sintrom® por el Xarelto®, el Pradaxa®, el Eliquis® o el Lixiana® no es igual de fácil para todas las personas que siguen un tratamiento anticoagulante en España. A pesar de que los nuevos fármacos anticoagulantes provocan menos hemorragias que el tratamiento clásico, el acceso a estos medicamentos depende de cada comunidad autónoma y no todas han reaccionado de la misma forma.

Hace casi un año la Federación Española de Asociaciones de Anticoagulados (FEASAN) ya denunció este desequilibrio. Y ahora vuelve a recordar que “es incoherente e innecesario que algunas comunidades propongan sus propias recomendaciones cuando los criterios de la Agencia Española del Medicamento han sido aprobados por el Consejo Interterritorial de Sanidad”, incide el presidente de la entidad, Luciano Arochena, en declaraciones a Somos Pacientes. Y añade: “discriminan a médicos y a pacientes”.

Los nuevos medicamentos anticoagulantes, además de ser más seguros, no requieren de controles periódicos para ajustar la dosis ni tampoco provocan reacciones con otros fármacos ni algunos alimentos. Facilitan el día a día al enfermo, pero son más caros. Y no todas las comunidades autónomas están dispuestas a pagar el sobrecoste.

Hace cinco años que España aprobó la comercialización de los nuevos anticoagulantes, pero “sólo el 10% de los pacientes los recibe, por las limitaciones de las comunidades autónomas”, ha asegurado a Gaceta Médica Vicente Bertomeu, cardiólogo y presidente de la Sociedad Española de Cardiología.

 

 

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