Son más cómodos de tomar y más seguros que los tratamientos convencionales

 

Ni heparina ni antivitamina K. Los pacientes en tratamiento tras haber sufrido una trombosis venosa profunda y/o una embolia pulmonar prefieren tomar los nuevos fármacos anticoagulantes orales, según se desprende del registro europeo sobre enfermedad tromboembólica PREFER.

El tratamiento con esta generación de medicamentos anticoagulantes es más cómodo de seguir para cerca del 70% de los pacientes con una ETV: se administran por vía oral, apenas generan interferencias con otros fármacos y alimentos, se toman una o dos veces al día y no requieren controles periódicos para evaluar el INR (ratio internacional normalizada), el índice que evalúa el tiempo de protrombina.

Estos resultados, presentados recientemente en Ámsterdam en la 17ª edición del congreso europeo de la International Society for Pharmacoeconomics and Outcomes Research (ISPOR), refuerzan la conveniencia de administrar estos fármacos. Pero en España su acceso es desigual. Pese a los beneficios que aportan al paciente, se trata de medicamentos más caros que sus predecesores y no todas las comunidades autónomas están dispuestas a pagar por ellos.

Los especialistas españoles, a título personal y a través de entidades como la Federación Española de Asociaciones de Pacientes Anticoagulados (FEASAN), en los últimos meses han expresado en más de una ocasión su malestar por esta situación. Y hoy, con motivo del Día Nacional del Paciente Anticoagulado, reiteran su posición.

Este 18 de noviembre, la campaña organizada por la FEASAN insta a “todas las partes implicadas (pacientes, médicos, administraciones públicas, etc.) a trabajar coordinadamente con el fin de controlar al máximo los riesgos a los que se expone el paciente anticoagulado”: hemorragias o nuevos trombos.

 

Encuesta sobre el tratamiento convencional

A pesar de los inconvenientes que pueden generar los anticoagulantes orales con antivitamina K, la mayoría de los pacientes que sigue este tratamiento (debido a una ETV o no) lo hace correctamente, según una encuesta realizada por Bayer. El 91% sabe por qué toma estos fármacos, el 83% conoce qué es el INR y el 66% no olvida nunca su dosis diaria. Sin embargo, un 78% de los pacientesencuestados valoraría la posibilidad de cambiar su tratamiento por la nueva generación de fármacos.

El estudio también evalúa las emociones que genera el tratamiento clásicoentre los afectados. Para el 44% no supone ningún problema, pero para un 24% es una fuente de nerviosismo. Su principal preocupación es mantener los niveles de INR dentro los parámetros aceptados.

Independientemente de los sofocos que produzca seguir el tratamiento, el miedo a un ictus (infarto cerebral) o a sufrir una hemorragia debido a un golpe o un corte, los principales efectos secundarios de los anticoagulantes clásicos, son las preocupaciones básicas de la mayoría de los usuarios.

Además, un 39% de los pacientes destaca que desde que toma estos fármacos ha dejado de realizar algunas actividades, para un 31% el tratamiento tradicional limita su autonomía y para un 30% ha disminuido su calidad de vida.

 

Últimas noticias

Share This