A veces no da síntomas y, en ocasiones, se pueden confundir con otras enfermedades

 

“Me auscultaron, me tomaron la tensión, la saturación de oxígeno en sangre, me realizaron un electro y me dijeron que no había nada raro. Me preguntaron si había hecho algún esfuerzo, les comenté mi rutina de gimnasio, y me dijeron que podía ser muscular. Yo insistía en que estaba tomando la píldora, que había leído que uno de sus efectos secundarios podía ser un trombo, pero no parecía que esa opción les convenciera. Me recomendaron tomar paracetamol durante 24-36 horas”.

Así contó Carmen su experiencia con una embolia pulmonar. Teresa había notado “un ligero ahogo antes del diagnóstico de la embolia”, que le encontraron gracias a una prueba para controlar la evolución de un cáncer. Al ex ministro de Economía Miguel Boyer tampoco le diagnosticaron la embolia pulmonar que provocó su muerte la primera vez que visitó el hospital.

La falta de síntomas con la que a menudo se presenta la embolia pulmonar o la facilidad con que estos se pueden confundir con otras patologías dificulta el tratamiento de esta enfermedad. Pequeños ahogos a los que el paciente no da importancia o ligeros mareos que el médico que lo visita atribuye a otras dolencias son situaciones frecuentes que hacen de la embolia pulmonar una patología peligrosa cuando es invisible.

Por este motivo es importante que tanto la población como los especialistas conozcan la existencia de la enfermedad tromboembólica venosa, para evitar a tiempo una embolia pulmonar. Y con este objetivo se creó hace un año TROMBO.info, así como el Día Mundial de la Trombosis, que se celebrará el próximo 13 de octubre.

 

 

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