Un 9% de las mujeres del mundo en edad fértil toma la píldora anticonceptiva

 

“Hace tiempo que se sabe que los anticonceptivos hormonales combinados que llevan progestágenos de tercera y cuarta generación producen más casos de ETV, aproximadamente el doble, que los de segunda generación. Ahora el estudio de British Medical Journal viene a confirmar de nuevo esa observación”. Ángeles Blanco, internista del hospital universitario Reina Sofía de Córdoba, reconoce y corrobora los resultados del último estudio sobre anticonceptivos y enfermedad tromboembólica venosa (ETV) publicado recientemente en la revista inglesa.

Una situación que, sin embargo, la Agencia Europea de Medicamento (AEM) no considera de suma gravedad como para retirar estos fármacos del mercado. “La AEM ha valorado la relación riesgo/beneficio de estos anticonceptivos más proclives a la aparición de una ETV y ha determinado que se pueden usar, porque aunque producen más trombosis, previenen el embarazo. Y el embarazo es una situación más trombogénica que la toma de estos anticonceptivos”, señala la doctora Blanco.

Un 9% de las mujeres del mundo en edad fértil toma anticonceptivos orales, porcentaje que se dobla en los países desarrollados. Desde su aparición, en los años 60, estos medicamentos han mejorado su composición para impedir el embarazo, pero este camino ha ampliado el riesgo de formar coágulos en el interior de las venas.

 

Cuidado con las píldoras con estrógenos

“Los anticonceptivos hormonales combinados contienen un estrógeno y un progestágeno. El progestágeno tiene el efecto anticonceptivo y el estrógeno se usa para mantener el sangrado menstrual de una manera regular”, explica la especialista.

“De los dos componentes el que tiene el efecto adverso aumentando la tendencia a formar trombos es el estrógeno. Los progestágenos tienen la capacidad de contrarrestar ese efecto protrombótico del estrógeno, pero con diferente intensidad, según se trate de un progestágeno de segunda generación (levonorgestrel) o de tercera o cuarta generación (los que menos). Por tanto, los anticonceptivos combinados que llevan progestágeno de tercera o cuarta generación son más protrombóticos”.

“Muchos expertos en el tema, aunque no todos, creen que de entrada se debe prescribir un anticonceptivo combinado de bajo riesgo, como el que contiene estrógeno en dosis bajas + levonorgestrel. Solo en los casos en los que este fármaco no sea bien tolerado o produzca alteraciones en la regla por manchados irregulares se podría usar un anticonceptivo que lleve uno de los progestágenos de tercera o cuarta generación”, indica la doctora Blanco.

“Aunque el riesgo de desarrollar una ETV tomando un anticonceptivo es bajo (3 mujeres por cada 10.000 que tomen anticonceptivos con levonorgestrel o 6 mujeres/10.000 que consuman anticonceptivos con progestágeno de tercera o cuarta generación, aproximadamente), no hay razón para no ir a la opción menos arriesgada”.

En Francia este aumento del riesgo protrombótico asociado a los anticonceptivos hormonales combinados de tercera y cuarta generación provocó numerosas quejas en 2012. Como consecuencia se redujo su administración, “pero en España no hemos conseguido ni datos de uso de estos medicamentos”, señala Blanco.

Para mayor seguridad de las mujeres, la especialista del hospital universitario Reina Sofía considera que “el que prescribe uno de estos medicamentos es el que debe informar a la mujer sobre sus riesgos y prevenirla para que sepa identificar precozmente los síntomas. Además, la mujer debe ser consciente de que está siguiendo un tratamiento y notificarlo ante cualquier problema de salud”.

 

 

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